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Panamá: Martinelli: su “error” y su próstata

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Panamá: Martinelli: su “error” y su próstata

Martinelli: su “error” y su próstata

Este capítulo de nuestra historia se inaugura con la invasión del 20 de diciembre de 1989 y la caída de la dictadura militar.
 

Las facciones burguesas se reconciliaron e impusieron un modelo de distribución de cuotas de poder político, una fórmula para repartirse como botín las arcas del Estado e imponer una Partidocracia que, por encima de la voluntad popular, planteó una alternancia en el Gobierno entre ellos mismos.

 

Apuntalado por la reversión del Canal y sus áreas adyacentes, se aplicó un modelo económico que en su desarrollo generó un crecimiento económico que favoreció a una ínfima minoría ampliando la brecha entre ricos y pobres. 115 personas concentran más de 16 mil millones de dólares, es decir, por encima del 80 % de la población. Se configuraron, de manera mucho más acentuada, dos Panamá.

 

En el gobierno de Endara hubo innumerables denuncias sobre dudosos manejos en la utilización de fondos públicos para la llamada reconstrucción nacional y sobre quiénes se beneficiaron de los contratos, mientras cientos de empleados públicos eran despedidos, se les exoneraba a los empresarios las deudas que tenían en la Caja de Seguro Social —las cuotas que les robaron a los trabajadores— y se aumentaba la edad de jubilación. Era el gobierno que se definió como 100 % de la empresa privada.

 

Ernesto Pérez Balladares, que se robó el puente Van Dam en la dictadura y un piso del hospital de Aguadulce durante su gestión, impuso a sangre y fuego las reformas al Código de Trabajo. También traficó con chinos, creó las partidas circuitales para los diputados, se benefició de las privatizaciones de las empresas estatales (le faltó el IDAAN) y de las concesiones de los corredores, se fue con casinos y compró una casa de playa con carretera y helipuerto construidos con plata del Estado, además de yate, motos Harley Davidson, Hummer y carros de lujo que disfrutaba exhibir. Abusó tanto de la llamada partida secreta que cuando nació su primera nieta, el regalo que le dio a su hija no salió de su bolsillo, lo pagamos todos los panameños. Intentó, este miembro del PRD, prolongar la presencia militar norteamericana con el Centro Multilateral Antidroga (CMA), pero aún así los gringos le retiraron la visa. Tuvo como vicepresidente a Pipo Virzi, el principal cómplice después de Martinelli.

 

Mireya Moscoso, del gobierno de los durodólares y del helicóptero hundido, la que liberó al terrorista de Posada Carriles y sus compinches, aumentó el precio del pasaje en medio de la represión al movimiento popular, se hizo con una casa del Estado en su natal Pedasí y se mandó a construir un helipuerto con plata del erario, despilfarró la partida secreta como todos los otros para comprarse ropa, joyas y obsequiar relojes Cartier y otros artículos de lujo a amigos, familiares y diputados de todos los partidos.

 

Martín Torrijos, que impuso el TLC con Estados Unidos y medidas paramétricas en la Caja de Seguro Social, abrazó al invasor George Bush, se quedó con los millones del caso Cemis, trajo a Odebrecht, facilitó la ley para la estafa de Banistmo y del Banco Continental, es responsable de la licitación de la ampliación del Canal, de los negociados de la fibra de vidrio en escuelas, y el suyo fue el gobierno del envenenamiento masivo con dietilenglicol, de los asesinatos de los obreros del Suntracs, de la tragedia del bus en La Cresta, de la cinta coimera y quedó con grandes inversiones en República Dominicana.

 

Juan Carlos Varela recibió plata de Odebrecht, estuvo con Martinelli implicado en grandes escándalos en los 26 meses de gobierno CD-Pananeñista y ahora también es responsable de las partidas 080, 172 y otras en la Asamblea, de la que se beneficiaron todos los diputados de todos los partidos tradicionales y la seudoindependiente para sostener por 4 años el pacto corrupto de gobernabilidad con botellas y contratos falsos.

 

Ha sido un aliado incondicional de Trump en la OEA y en su política en la región.

 

Martinelli, el de la Ley Chorizo, la Ley Carcelazo, el 7 %; el de las masacres de Changuinola, San Félix, David y Colón; el de los 420 millones del PAN que dio a todos los diputados de todos los partidos tradicionales del periodo pasado; el de la comida deshidratada, del negociado de las mochilas, de los contratos a cambio de coimas, de Financial Pacific, Finmeccanica, Blue Apple, Lava Jato, New Bussines, Cobranza del Istmo, etc., pensó que sería, igual que sus antecesores, intocable ante la justicia gracias a la impunidad reinante y por los favores prestados a la CIA, según su vergonzosa carta dada a conocer en Miami. Se olvidó de la frase del ex secretario de Estado de Dwight Eisenhower, impulsor de la Guerra Fría y accionista de la United Fruit Company, John Foster Dulles, "Estados Unidos no tiene amigos sino intereses".

 

Hoy se le ha ratificado la detección provisional por unanimidad del pleno de una Corte Suprema de Justicia cuyos magistrados son siempre dóciles al poder que gobierna, asimismo como lo fueron con él, con Martinelli. Es la misma Corte que no se atreve a juzgar a los diputados corruptos ni al que acabó con la vida de una niña en un incidente de tránsito. Es la Corte que liberó al asesino del obrero Osvaldo Lorenzo. Es la Corte que, según el propio fiscal de esta causa, Harry Díaz, «vende fallos y archiva expedientes».

 

Como Martinelli, todos fueron títeres de los gringos y sirvieron a sus agencias de seguridad, todos pincharon, todos coimearon, todos reprimieron al pueblo y violaron los derechos humanos, todos impulsaron los desalojos forzosos contra asentamientos humanos, todos fomentaron el clientelismo electoral con fondos públicos y no pasó nada. Martinelli, rodeado de abogados que paga con la plata del pueblo que se robó, calculó que con él sería igual. Que el Club Unión no le daría la espalda.

 

Una señal de la suerte que puede correr Martinelli nos la dieron la cobertura «objetiva e imparcial» de los medios de comunicación de la audiencia celebrada, incluidos sus «bien chequeados» y «Panamá Check» acerca de la próstata de Martinelli. Los medios de comunicación, que todo lo convierten en circo, otra vez en el rol de tribunales de justicia con los analista, "fiscales" y "jueces" de siempre.

 

Martinelli dijo que los presidentes tienen mucho poder en Panamá y que él lo tuvo. Debió extrañar ese poder esta noche cuando los policías, que fueron tan obedientes con él durante su mandato, por lo que les daba como premio, al igual que este Gobierno, constantes aumentos salariales, se lo llevaban a empujones para la "chirola".

 

Y, si bien es cierto que al final el resultado de todo este show puede ser el mismo, es decir, más impunidad, no puede descartarse que el establishment busque salvar una institucionalidad podrida con un simple lavado de cara, una condena simbólica donde se le restará el año que ya estuvo preso en Miami pero que no se descontó para la detención provisional, demostrar que el sistema tiene la capacidad de renovarse y funcionar para que todo siga igual. Aquí actúa el suprapoder que está por encima de Gobiernos y partidos y que controla todos los poderes del Estado. Hablamos de los Motta, Arias, Vallarino, Eisenmann, Galindo, Alemán, Maduro, Lewis, Eleta, González Revilla y otros apellidos del Club Unión.

 

Y, en esta trágica comedia, que se desarrolla con un actor tras bambalinas como lo es Estados Unidos, muchos de los querellantes de hoy fueron los verdugos del pueblo en el pasado. Entre ellos, algunos de los principales defensores de las atrocidades cometidas por los militares en la dictadura.

 

El caso de Martinelli abriría un nuevo pacto entre los bandos de la clase dominante. Es un nuevo engaño. No hay posibilidad de salvación de una institucionalidad caduca. Insistimos en una Asamblea Constituyente Originaria con plenos poderes que limpie al país de estas mafias oligarcas que han gobernado a Panamá desde 1903 hasta nuestros días, que controlan los grandes medios de comunicación y las cúpulas de esos partidos tradicionales y corruptos, así como a los falsos independientes que también representan más de lo mismo. A todos ellos que hay que vencer en las elecciones de 2019.

 

El caso de Martinelli sirve como cortina de humo a los grandes escándalos de corrupción que involucran a varios gobiernos, a las dirigencias de todos los partidos tradicionales, banqueros, empresarios, diputados, magistrados y grandes bufetes de abogados. Mientras tanto, los graves problemas sociales, económicos, ambientales y migratorios que afectan al pueblo se amontonan y se agudizan en el décimo país con la peor distribución de las riquezas a nivel mundial y el más caro de Latinoamérica.


FRENADESO

Panamá, 19 de junio de 2018.

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